(en construcción)
lunes, 9 de febrero de 2009
Crisis Económica - Crónica de Gente Común
Dentro de los géneros periodísticos, la crónica es uno de mis favoritos. Me permite contar un hecho casi como si estuviera ocurriendo en este mismo instante, pero con libertades que en una nota no se encuentra.
Elijo este género para hablar de la crisis actual. Uno lee mucho al respecto, esta informado, pero solo de números, estadísticas e índices. La gente detrás de estos pareciera no existir.
Esta noche cene con una amiga que lleva cuatro meses desempleada. Nos encontramos. Como ninguna de las dos vive holgadamente, tardamos en decidir en donde comer, y mucho más, en hacer el pedido al camarero. Todo esta muy caro para nosotras.
Ella tiene veinticinco años y me cuenta que esta muy angustiada. Estudia psicología y sabe idiomas. En una entrevista le dijeron que no la contrataron porque esta so-bre-ca-li-fi-ca-da para la posición y eso podía repercutir, a fututo, en su “autoestima”. Todo un diagnostico ¿Sorprendente, no?. Me cuenta que no tiene ahorros, porque los que tenia ya los esta gastando para vivir estos meses, pero que no se arrepiente de haber dejado su trabajo en el “call center” de un banco.
Terminamos de cenar, hablamos un poco más y nos despedimos. Ella toma el subte para Carranza y yo decido caminar de Coronel Díaz, por Santa Fe, hasta Laprida.
Ni bien cruzo la calle veo. Un cartonero panzón de más de sesenta años. Tiene una gran barba. Su pelo también es largo y blanco. Lleva un carro lleno de cartones que esta rodeado por una tela blanca que llevaba la inscripción “Papa Noel”. Realmente es muy parecido a Papa Noel. No tenía la cámara conmigo, así que me lamento de no poder tomarle una foto.
Sigo caminando. Miro vidrieras. La ropa esta a un cuarenta o treinta porciento de su precio inicial. Los zapatos salen veinte, treinta, cuarenta pesos. Se me pasa por la cabeza mi cuñado que es zapatero. Medito sobre la poca ganancia que debe tener en estos días y que mi hermana debe estar trabajando mucho para compensarlo, ya que tienen tres hijos chicos.
A una cuadra de casa, un hombre revisaba la basura. Me remito a cuando llegue a Capital Federal. Era tan llamativo para mi la cantidad de gente que vivía en la calle.
Capital Federal es una ciudad hermosa en donde, al caer el sol, conviven ropa de moda, cartoneros, y floristas que duermen sentados en sus puestos, sin importar si es primavera o invierno.
Estoy llegando a la puerta… pienso en subir al departamento y prender la computadora. Tengo que estudiar, pero no quiero que se me olvide lo que ví en estas cuatro cuadras que camine.
En el ascensor me pregunto ¿que pasará en los próximos meses?. Siento que estoy haciendo todo mal. Me reto a mi misma por seguir endeudándome. Se habla de retiro voluntario en todas partes. Miles de personas lo van a tomar, miles de personas van a competir entre ellos por un puesto misero.
Temo que un ser querido, o un extraño, o yo misma se quede sin la posibilidad de poder elegir que hacer, que comer, en donde estudiar, en donde poder atenderse cuando este enfermo, en donde dormir, a donde trabajar. Ojala pudiera hacer algo para que mi amiga consiga un trabajo digno pronto. Tengo veintiséis años y es la primera vez que siento tan en carne propia una crisis económica. En la facultad nos enseñan que todo momento de crisis es una buena oportunidad de crecimiento y oportunidades. Espero no se equivoquen esta vez. * VM
Elijo este género para hablar de la crisis actual. Uno lee mucho al respecto, esta informado, pero solo de números, estadísticas e índices. La gente detrás de estos pareciera no existir.
Esta noche cene con una amiga que lleva cuatro meses desempleada. Nos encontramos. Como ninguna de las dos vive holgadamente, tardamos en decidir en donde comer, y mucho más, en hacer el pedido al camarero. Todo esta muy caro para nosotras.
Ella tiene veinticinco años y me cuenta que esta muy angustiada. Estudia psicología y sabe idiomas. En una entrevista le dijeron que no la contrataron porque esta so-bre-ca-li-fi-ca-da para la posición y eso podía repercutir, a fututo, en su “autoestima”. Todo un diagnostico ¿Sorprendente, no?. Me cuenta que no tiene ahorros, porque los que tenia ya los esta gastando para vivir estos meses, pero que no se arrepiente de haber dejado su trabajo en el “call center” de un banco.
Terminamos de cenar, hablamos un poco más y nos despedimos. Ella toma el subte para Carranza y yo decido caminar de Coronel Díaz, por Santa Fe, hasta Laprida.
Ni bien cruzo la calle veo. Un cartonero panzón de más de sesenta años. Tiene una gran barba. Su pelo también es largo y blanco. Lleva un carro lleno de cartones que esta rodeado por una tela blanca que llevaba la inscripción “Papa Noel”. Realmente es muy parecido a Papa Noel. No tenía la cámara conmigo, así que me lamento de no poder tomarle una foto.
Sigo caminando. Miro vidrieras. La ropa esta a un cuarenta o treinta porciento de su precio inicial. Los zapatos salen veinte, treinta, cuarenta pesos. Se me pasa por la cabeza mi cuñado que es zapatero. Medito sobre la poca ganancia que debe tener en estos días y que mi hermana debe estar trabajando mucho para compensarlo, ya que tienen tres hijos chicos.
A una cuadra de casa, un hombre revisaba la basura. Me remito a cuando llegue a Capital Federal. Era tan llamativo para mi la cantidad de gente que vivía en la calle.
Capital Federal es una ciudad hermosa en donde, al caer el sol, conviven ropa de moda, cartoneros, y floristas que duermen sentados en sus puestos, sin importar si es primavera o invierno.
Estoy llegando a la puerta… pienso en subir al departamento y prender la computadora. Tengo que estudiar, pero no quiero que se me olvide lo que ví en estas cuatro cuadras que camine.
En el ascensor me pregunto ¿que pasará en los próximos meses?. Siento que estoy haciendo todo mal. Me reto a mi misma por seguir endeudándome. Se habla de retiro voluntario en todas partes. Miles de personas lo van a tomar, miles de personas van a competir entre ellos por un puesto misero.
Temo que un ser querido, o un extraño, o yo misma se quede sin la posibilidad de poder elegir que hacer, que comer, en donde estudiar, en donde poder atenderse cuando este enfermo, en donde dormir, a donde trabajar. Ojala pudiera hacer algo para que mi amiga consiga un trabajo digno pronto. Tengo veintiséis años y es la primera vez que siento tan en carne propia una crisis económica. En la facultad nos enseñan que todo momento de crisis es una buena oportunidad de crecimiento y oportunidades. Espero no se equivoquen esta vez. * VM
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